Pagina oficial de la peña de Boca juniors en La Plata

Pagina oficial de la peña de Boca juniors en La Plata

viernes, 2 de octubre de 2015

El último de estos últimos

Hoy nos detenemos a leer algo del escritor Eduardo Sacheri, confeso hincha de Independiente (Allá él con ese problema).
Reconocido por sus cuentos sobre fútbol y la manera tan particular que tiene para ver este deporte sociocultural y la simpleza con la que relata sus escritos, Sacheri, entre el 2011 y 2013 tuvo una columna en la revista El Gráfico que ya en esa época salía de manera mensual.
En cada numero de la revista aparecía un escrito de Sacheri hablando de diferentes aspectos del fútbol y tocando las temáticas que se emparentan con la vida.
En la edición de agosto de 2012 Sacheri habla de Juan Román Riquelme, quien por esos días había dejado de jugar en Boca y de ahí todas las suspicacias del periodismo y del hincha en general para opinar sobre el caso “Riquelme”.
Sacheri en ese ejemplar se refirió también a Juan Román, pero desde su lado. El de hincha que disfrutaba  de su fútbol sin importar la camiseta, porque al fin y al cabo, todos somos hinchas del fútbol. Después las opiniones personales por sobre como actúa, declara o decide JR son otro tema. 


El último de estos últimos


Acerca de Riquelme se han escrito ríos de tinta, y se han impreso páginas como para empapelar la patria entera. En estas últimas semanas, sin ir más lejos, su decisión de irse de Boca se convirtió en un tema de debate público.
Al día siguiente de la final de la Copa, contra Corinthians, los canales de noticias exhibían, en cámara lenta, la cara que ponía el presidente de Boca Juniors cuando se cruzaba con Riquelme, después del partido. Y diversos periodistas especializados se convirtieron en consumados analistas de expresiones faciales, con el objeto de determinar si la de Angelici era cara de bronca o de desilusión, de despecho o de desprecio, de angustia o de rabia, de pena o de incredulidad. Horas y horas de programas de radio se dedicaron a analizar los entretelones de su decisión, sus causas y sus consecuencias, sus antecedentes y derivaciones.
Y yo me encuentro en una terrible disyuntiva. Tal vez los lectores hayan notado que suelo rehuirle, en mis columnas para El Gráfico, a los temas de actualidad. No lo hago por hacerme el difícil. Lo hago porque no soy periodista, y carezco de su capacidad para buscar, para desmenuzar, para procesar la información. Es más: ni siquiera tengo el cuero curtido como para aguantar los chubascos de la gente que te odia por las opiniones que vertís en una nota. Me imagino que los periodistas están acostumbrados al destrato cibernético de los “comentarios” en los sitios web, o a los mensajes en las redes sociales. Yo, en mi tierna torpeza, me quedo pensando, al leer un comentario que me defenestra… “¿Y a este… qué le hice?”.
“Zapatero a tus zapatos”, decía mi vieja cuando yo era chico y me veía deambular por la casa, demorando el momento de sentarme a hacer, de una vez por todas, los deberes. Pues bien, yo reconozco que no soy zapatero en estas labores. Soy, a duras penas, un tipo al que le gusta mucho el fútbol y le gusta escribir. Y esas dos cosas juntas confluyen acá, en estas páginas. Y algo tengo ganas de decir, sobre Riquelme, ahora que parece que no va a jugar más por estos lados. Por lo menos en lo inmediato. Lo que sigue es lo que yo pienso de Juan Román Riquelme.
Cuando en una tribuna me pongo a conversar con uno de esos hinchas viejos, que mastican su nostalgia en cualquier platea, casi siempre se me ponen a contar de una época (“SU” época) en la que todos los jugadores tenían buen pie, y se daban la pelota redonda unos a otros, y tiraban lujos cuando iban ganando y cuando iban perdiendo. Tal vez el pasado fue así. O tal vez esos viejos eligen recordar lo que les conviene, o lo que les quedó grabado en la memoria a pura fuerza de asombro y de belleza, y por eso suponen que el pasado fue mejor de lo que fue.
Lo cierto es que a mí me tocó otra época. Esta época. Una época donde abundan los atletas que parecen tener ocho pulmones pero los pies redondos. Tipos que pueden correr doce kilómetros en noventa minutos, pero incapaces de darte un pase como la gente a cinco metros de distancia. Tipos dotados con la agilidad de saltar un metro y medio desde el piso (y de paso romperse la cabeza contra un rival que sabe hacer exactamente lo mismo), pero inhábiles para anticipar el pique de un balón que viene envenenado por el efecto. Tipos que pueden hostigar a un rival como perros que le ladran a la rueda de un colectivo, pero que no saben cómo sacar un lateral sin tirarla a dividir.
Este es el mundo en el que juega Riquelme. No es un jugador exquisito en una época de exquisiteces (suponiendo, repito, que esa época haya existido, nomás). Es un exquisito cuando casi todos han renunciado a serlo. Un gourmet en una época de hamburguesas mal cocidas.
No voy a cometer el desatino de sostener que Riquelme no corre. Sí que corre (y por algo el físico le viene pasando las facturas que le viene pasando). Es posible, empero, que corra un poco menos que esos atletas de pies chúcaros. Y suceda que Riquelme sabe tanto, pero tanto, con la pelota y sin ella, que usa el tiempo y la velocidad ajena para lo que necesita. No importa el pase de morondanga que le entregue un compañero. Riquelme sabe recibir, domesticar ese balón, y poner el cuerpo. Para Riquelme poner el cuerpo no es ir al choque, como dos energúmenos, a ver cuál termina con más puntos de sutura. Poner el cuerpo es ubicar la pierna, y la cadera, y el trasero, y la espalda, entre el rival y la pelota. Y mientras el rival gira como un trompo para encontrar un resquicio, mover apenas el cuerpo, y zarandear apenas el balón, para que su posición se mantenga inexpugnable. Y mientras hace eso, con la displicencia y el automatismo de quien espanta moscas, Riquelme observa y piensa. Sabe tanto con la pelota que no necesita mirarla. Y entonces puede observar al resto. A sus compañeros y a sus rivales. A los sitios de la cancha en los que están y en los que van a estar dentro de cinco, dentro de seis, dentro de siete segundos, cuando Riquelme considere que es el momento y el lugar exactos para que la cosa siga. Y ahí viene la otra parte de la magia de Riquelme.
Mi suegro, además de tenista, era un excelente jugador de ajedrez. Lo que más me llamaba la atención –cuando me destrozaba en una partida- era que el tipo se anticipaba dos, tres, cuatro movidas para decidir sus acciones. Yo, que a duras penas podía tomar una cabal dimensión del tablero tal como estaba en el momento, me enfrentaba a alguien que sabía lo que iba a suceder y lo que no. Un bombardero B-52 (él) contra un carrito de rulemanes (yo). Pues bien, Riquelme, y los jugadores que son como Riquelme, juegan así. Sabiendo no solo lo que pasa, sino lo que está a punto de pasar.
Más de una vez le escuché decir a Alejandro Dolina –uno de los tipos más lúcidos que andan por ahí, si se me permite- que los hombres merecen ser juzgados por sus mejores obras, no por las más mediocres. Me parece un principio absolutamente digno. Nuestras vidas, las de todos, la de Riquelme, la de cualquiera, están llenas de actos diversos. Reprobables, dignos, rutinarios, lamentables, especiales, bellos, insípidos, despreciables. Si voy a recordar a alguien… ¿qué me cuesta detenerme, sobre todo, en lo mejor que hizo?
Yo no puedo meterme a describir, ni mucho menos a juzgar, qué motivos tiene Riquelme para proceder como lo hace. Ni puedo decir si hace bien, o hace mal. No soy quién para detenerme a juzgar si fue un tipo conflictivo o armonioso, amarrete o generoso, materialista o bohemio. Si a duras penas uno conoce a las personas con las que convive... ¿Qué puedo yo saber del modo de ser de alguien a quien solo vi a través de una pantalla de televisión, o a setenta metros de distancia y desde una tribuna? Mucho menos puedo anticipar lo que será de la vida de Riquelme en el futuro.
Lo único que puedo rescatar es esto: que Riquelme hizo de este juego del fútbol, que a mí me gusta tanto, algo más lindo que lo que habría sido si Riquelme no hubiera jugado. Y habiendo, en el fútbol y afuera del fútbol, tanta gente dispuesta a generar y reproducir mugre y fealdad –basta con mirar un rato de tele, por ejemplo-, yo me quedo con eso.
Creo que existen dos clases de grandes jugadores. Los que te provocan asombro porque nunca hacen lo que uno supone que van a hacer. Y los que te provocan asombro porque, aunque hagan lo que uno supone que van a hacer, no hay manera de impedírselo. Y Juan Román Riquelme es de estos últimos. Tal vez –ojalá que no-, el último de estos últimos.

Eduardo Sacheri, revista El Gráfico, edición de agosto de 2012


miércoles, 30 de septiembre de 2015

La peña está presente XXIV

8 de julio de 2015. Partido despedida de Sebastián Battaglia en la Bombonera. (El día que se mostraron "ciertas" banderas)

lunes, 28 de septiembre de 2015

BOCA de 1955

Parece que sirvió para relajarse el campeonato obtenido el año anterior, porque el equipo de 1955, pese a pelearlo en las primeras ubicaciones no tuvo la chapa para ratificar el logro conseguido un año atrás.
La base fue la misma a la que se incorporaron nombres importantes. Llegaron  Juan José Pizzutti, Ernesto Cuchiaroni y Rafael Arcos y también volvió para terminar su carrera, el “Atómico” Mario Boyé.
Como técnico, este año fue el turno para otro ídolo de la casa como Jaime Sarlanga y pese a realizar una muy buena primera rueda, en la segunda el equipo no tuvo regularidad y terminó el torneo a 8 puntos del campeón y en la tercera colocación.
Los números de esa campaña indican que sobre 30 partidos jugados se ganaron 14, se empataron 9 y se conoció la derrota en 7 oportunidades. En cuanto a los goles, se marcaron 51 y se sufrieron 36.
El partido más importante de ese campeonato fue el 17 de agosto cuando por la fecha 14 se ganó el clásico de visitante 4 a 0, haciendo riBer de local en cancha de Racing. 2 de Navarro, Pizzutti y Cuchiaroni fueron los encargados de dejar sus nombres escritos en el tanteador final.

El equipo; Arriba: Francisco Lombardo, Rafael Arcos, Julio Elías Musimessi, Juan Carlos Colman, Federico Edwards, Hector Otero y Jaime Sarlanga (DT).

Abajo: Mario Boyé, Miguel Ángel Baiocco, José Borello, Fausto Rosello y Ernesto Cucchiaroni.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Personajes Bosteros: Carlín Calvo

Actor de televisión, teatro y cine, galán y protagonista de infinidad de éxitos, Carlos Andrés Calvo, más conocido como “Carlín” también se destaca por ser hincha fanático de Boca.
La fama que consiguió por los éxitos televisivos hicieron que su vida sea bastante pública y esté expuesto permanentemente. A raíz de esto es que siempre se lo ha fotografiado en la Bombonera, con la indumentaria infaltable azul y oro y en muchas ocasiones hablando sobre Boca y contando sus experiencias como hincha.
El típico atorrante de barrio no podía ser hincha de otro equipo que no fuese Boca y en varios de los personajes que interpretó, mezcló la ficción con la realidad.


Un ejemplo claro de esto pasó el 13 de septiembre de 1992, cuando el Boca de Tabarez por la 6ta fecha del Apertura que ganaría, recibió a Huracán en lo que fue un empate 2 a 2. Lo curioso de esto es que previo al partido se filmó una de las escenas del último capítulo de "Amigos son los amigos" (record de rating por aquellos años) donde Carlín ingresa a una Bombonera repleta y en pleno clima de partido corre hasta su amada (la actriz Katja Aleman) y dentro del campo la besa produciendo una ovación del publico Xeneize.

Otro capítulo en la historia de Carlín y Boca se dio el 13 de julio de 1997. Boca recibía a Racing por un torneo Clausura que lo tenía deambulando sin pena ni gloria a falta de 3 partidos. La novedad pasaba por un regreso mas de Maradona a jugar con esta camiseta, por primera vez  en el ciclo del Bambino Veira. Fue tanto el clima extra futbolístico que se vivió en ese triunfo 3 a 2 que Carlos Calvo presenció todo el partido en el banco de suplentes al lado del Bambino. La excusa era filmar el primer capítulo de RRDT donde Carlín interpretaba a un director técnico y era ayudado por el Bambino antes de iniciarse en esa profesión.

Varias veces las cámaras tomaban al Bambino dando indicaciones y detrás suyo Carlín gesticulando y sufriendo, no solo por el personaje que estaba interpretando sino porque él también se sentí parte de Boca.

En ese primer capitulo, el Bambino aparece dándole consejos a un ex futbolista que está a punto de empezar su carrera como entrenador. Previo a eso, en su último partido Rodolfo Rojas (Carlín) recibe la visita de Diego Maradona en el vestuario y durante el partido patea el último penal de su carrera en un equipo de defensores de Belgrano que integraban Hector "El Negro" Enrique y Sergio "checho" Batista.



En mayo de 2011 la comisión directiva de ese momento le rindió un homenaje en plena Bombonera  como se suele hacer con los ídolos que han vestido la camiseta azul y oro, en este caso se trató de un hincha reconocido que se lo ovacionó como tal previo al Boca 1 – Newell’s  0 del Clausura.
Luego de 2 ataques de ACV, hace bastante tiempo que no se lo ve en público y de hecho está bastante retirado de su profesión, pero hoy con 62 años sigue siendo el hincha de Boca que conocemos todos y que es el prototipo de porteño argentino.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Tenemos nueva casa

Nos llena de orgullo poder comunicar quela peña LOS XENEIZES DE LA PLATA tiene un nuevo local que se lo destinará para las tareas habituales de la peña. Haces trámites, informar a los socios de la peña, tener un punto de encuentro y demás funciones que debe tener una entidad como la nuestra que se precie de tal.
Es esfuerzo, es sacrifico, es dinero y es trabajo. Algo que se hace desinteresadamente o por el hecho de la simple causa de ser de Boca y brindarnos desde  La Plata para con el club.


De a poco lo vamos a ir poniendo en condiciones  y adaptarlo para la ocasión. Mas delante vamos a ir informando como va el proyecto y a partir de cuando se pueden empezar a hacer trámites en la nueva casa de la peña.
La dirección es en 57 Nº 505. e/ 5 y 6 y cuando este listo los invitaremos para que pasen a conocer el lugar.

¡A disfrutarlo porque también eso es Boca!

jueves, 17 de septiembre de 2015

Olé es anti Boca IX

Confesamos que hemos pecado y el lunes fuimos al kiosco a comprar el diario Olé.
Más que nada para dejarlo guardado en el archivo, seguir riéndonos de felicidad y notar las diferencias marcadas con nuestro clásico rival.
Obviamente y por milésima vez, la gente anti- Boca se conforma con pegarle al rival y buscarle el pelo al huevo. Siempre encontrando defectos, opacando triunfos y menospreciando todo lo realizado por el club de la ribera.
En esta oportunidad, de entrada nomás, en la página 5 (la segunda dedicada a un superclásico donde la nota la puso Boca al ganar el partido) vuelven a marcar lo de la copa Sudamericana pasada y lo de Libertadores con el gas pimienta y toda esa historia. (Es algo que han encontrado para agarrarse y sumarse algún poroto en este último tiempo para opacar la grandeza de Boca).


Pero lo más gracioso (es el término mas adecuado) es la columna de Farinella opinando como hincha de la banda (o la mancha).  Nada de objetividad, de reconocerle la victoria al rival o de hacer una autocrítica con errores propios, absolutamente nada de eso.
Farinella arranca haciendo un chiste con el título, luego le pega una patadita a Tevez, después intenta convencerse que hincha de un equipo copero, por supuesto critica el juego de Boca en el clásico y la liga Orión para llegar hasta el árbitro Herrera, quien se lleva todas las criticas habidas y por haber de una gallina cobarde como este personaje que se jacta de ser periodista.

La lista sigue pero sería interminable. Siempre tratamos de resaltar alguna frase en especial, pero acá era todo el texto, donde pega, pega y no para (igualito a Vangioni).

Es cuestión de repasar algunas de las líneas escritas por este engendro y saquen sus propias conclusiones.

martes, 15 de septiembre de 2015

El clásico del '97


¿Qué es un clásico, Un Boca – riBer? No,  un clásico es que Boca le gane a riBer y más si es en cancha de ellos. Pasa en casa, en  la de ellos, en Mar del Plata, Mendoza o donde se juegue por torneos de verano, etc.
Tiene más relevancia en el incendiado Monumental porque ahí Boca demuestra su paternidad y queda a las claras quien domina y donde en este tipo de enfrentamientos.
Buscando en el archivo encontramos muchísimo, pero nos detuvimos en el clásico del Apertura de 1997.


Sábado 27 de octubre, tarde de lluvia y la historia de siempre. Ellos empezaron ganando con gol del traidor hijo de puta de Berti y Boca que se lo da vuelta con una definición de “3 dedos” de Toresani y un cabezazo de pique al suelo de Martín Palermo en medio de un diluvio y la euforia generalizada por parte de los jugadores como del hincha de Boca que rebalso las tribunas visitantes.


Es partido es recordado porque Palermo le hizo su primer (de muchísimos) gol a las gallinas y porque (sin saberlo en ese momento) fue el último partido de Maradona en su carrera profesional.
En el entretiempo fue reemplazado por Riquelme (dejándole el legado de la casaca número 10 de Boca) y no volvería a jugar más el mejor jugador de la historia de todos los tiempos.


Un clásico redondo. Con adversidades superadas, ganando a lo Boca, bajo la lluvia y con Diego despidiéndose.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Volvió todo a la normalidad

Hermosa mañana de lunes, no por el clima primaveral que ofrece la mañana, sino porque somos hinchas de Boca.
A la felicidad típica por este sentimiento hay que agregarle que después de ganar un clásico y ratificar como es la historia, las cosas se encaran de otra manera.
Acá parece que lo único clásico es que Boca le gane a riBer y veamos la misma película de siempre. Por eso os metimos en las redes sociales y recolectamos todo tipo de cargadas, afiches y las gastadas de siempre luego de este tipo de partidos.

La referencia a la clasificación en la copa de los hijos llorando ante el escritorio de la Conmebol es inevitable. 


 Las declaraciones de Carlitos post partido no hicieron otra cosa que ratificar una verdad absoluta



 Tanta paternidad merece un subsidio nacional



 Esta es buenísima. Marca a las claras la paternidad y la realidad (dolorosisima para ellos) en la camiseta de Boca



Esta es un poco fuerte pero verdad al fin. Todo lo que se guardaron los "primos" este año. 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Olé es anti Boca VIII

Después que Boca perdiera de local contra Estudiantes 2 a 1 por la novena fecha del Apertura 2008, Olé se hizo un picnic con la supuesta interna del plantel, la pelea entre Riquelme y el paraguayo Juan Daniel Cáceres y demás factores extrafutbolísticos que afectaban al plantel.


En la tapa del miércoles 8 de octubre el diario usa la imagen del terrorista Bin Laden, reduciéndolo, a comparación de la crisis y problemas internos del equipo.
Cabe destacar que ese equipo de Boca salió campeón, con las supuestas peleas del plantel y demás factores que perjudicaron un andar mejor del equipo.
Pero nuestro querido diario Olé, centraba toda la atención en un Boca que estaba peleando el campeonato, en vez de detenerse en un riBer que con tan mala campaña que estaba realizando, iba a terminar último y sería el primer gran paso del campañón que lo llevó derechito a la B Nacional, pero como sabemos que camiseta tiene puesta este periódico, prefieren mirar para otro lado y esconder miserias propias.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La peña está presente XXIII

19/8/2015. Estadio del Bicentenario de San Juan, 8vos de final de la Copa Argentina. 
Boca 4 - Guaraní Antonio Franco (M) 0