Pagina oficial de la peña de Boca juniors en La Plata

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lunes, 19 de octubre de 2015

Especial del día de la madre

Ayer fue el día de la madre y aprovechamos para saludar a todas las madres xeneizes y si bien el día no terminó de la mejor manera, seguramente habrán disfrutado con sus respectivas familias.

Aprovechando la temática, hoy posteamos algo muy curioso que pasó en el día de la madre de hace 14 años.
El 21 de octubre de 2001 tuvo muchas particularidades. La primera fue el debut de Carlitos Tevez con la camiseta de Boca, frente a Talleres en la derrota visitándolo en Córdoba por la décima fecha del torneo Apertura.
También ese domingo se celebró el día de la madre en este país y lo mas curioso en donde nos queremos detener es en la particularidad de la camiseta usada en esa fecha.
Quilmes, sponsor oficial del club por aquellos años que ponía su nombre en el pecho y en la espalda de la camiseta, decidió de manera muy original, quitar por ese partido la palabra "Quilmes" de la camiseta y poner específicamente, el nombre de la madre de cada uno de los jugadores que estuvieron en ese partido.
Usando la misma letra, el pecho de las camisetas mostraba diferentes nombres de mujer en homenaje a cada una de madres de los jugadores.

El equipo que jugó el día de la madre: Schiavi, Cordoba, Román, Burdisso, Traverso y el pampa Calvo. 
Abajo: Gaitán, Serna, Clemente, el Chelo Delgado y Carlitos.

En ese partido también se pudieron leer los nombres de las madres de Roberto Colautti y de Ariel Carreño, queines tuvieron minutos en ese parido.  Colautti entró por Calvo y Carreño fue quien reemplazó al debutante Tevez . 

viernes, 16 de octubre de 2015

La 12 canta "Moliendo café"

Seguramente pocos o quizás nadie sabe que quiere decir el termino “Moliendo Café” si alguien les preguntara.
En realidad ese es el nombre de un tema compuesto en el año 1958 por autores venezolanos que todavía hoy se sigue discutiendo la autoría de la melodía.
Lo que primero fue solamente música, con el tiempo se le agregó la letra que fue interpretada por Julio iglesias, el "Puma" Rodriguez, Ricardo Montaner o Azúcar Moreno entre otros artistas destacados.
Para que se orienten de lo que estamos hablando, ponemos un video con la música y la letra original y al escucharla va a ser inevitable cambiarle la letra y adaptarla a la que suena desde la hinchada de Boca.



Ahora bien, ya sabemos el origen de la música y las diferentes versiones por las que ha pasado, igualmente nos quedamos con la mas hermosa, la que solo tiene dos palabras (dale Boca) pero que es tan inconfundible como maravillosa.



miércoles, 14 de octubre de 2015

Indulto al campeón del 2008

Mucho se lo ha criticado y muchos méritos le han sacado aquellos dedos acusadores al equipo que ganó el Apertura 2008.
El periodismo, el mundo del fútbol y hasta propios hinchas de Boca no repararon en críticas de todo tipo al referirse a este equipo.
Nosotros levantamos la bandera defensora de aquel plantel y nos sobran los motivos para agradecerle por la estrella conquistada. Pero situándonos en aquella época, analizamos lo que pasaba por esos días del segundo semestre del 2008.


El periodismo con tal de vender, apela al sensacionalismo y lleva todo a los extremos sin importar la veracidad de las noticias.
El mundo del fútbol sumaba defectos a ese equipo de Boca y se empezaba a vislumbrar como nuevo campeón a San Lorenzo.
Lo peor fue que con el resultado puesto y con ese Boca campeón de fútbol argentino, algunos hinchas de Boca (los menos, pero con en todos lados los hay) llegaron a afirmar que ese era "el peor Boca campeón de la historia" debido a como se dio el desenlace y el camino lleno de obstáculos con que fue encontrando a lo largo de las fechas.

 Román, Ibarra, García, Morel, Paletta, Vargas y Dátolo. Viatri, Nico Gaitan, Battaglia y el paraguayo Cáceres. Los 11 titulares que ganaron en el Monumental. 

Detalladamente lo que le ocurría al plantel era lo siguiente y es para enumerar:

  1. El 24 de agosto por la 2da fecha del torneo, su goleador Martín Palermo se rompe los ligamentos de la rodilla derecha. Se despide de torneo y llega en su reemplazo Luciano Figueroa.
  2. Hay una supuesta interna en el plantel. Riquelme y el paraguayo Juan Daniel Cáceres son los protagonistas de las diferencias.
  3. Después de la derrota 4 – 1 contra Godoy Cruz de Mendoza, el técnico Carlos Ischia borra del equipo al arquero titular Mauricio Caranta y le confía el arco de boca a Javier García, el suplente de por entonces 21 años.
  4. El 30 de octubre fallece a los 57 años Pedro Pompilio (el primer presidente que muere en sus funciones). En su lugar queda a cargo el vicepresidente 1ero Jorge Amor Ameal.
  5. En la fecha 9, después de perder contra Estudiantes de local 2 – 1, prácticamente el campeonato quedaba muy lejos y San Lorenzo se afianzaba para quedarse con el título, pero a la fecha siguiente, la victoria de Boca en el gallinero 1 a 0 con gol de Viatri, revivió al equipo de Ischia y empezó a correr al puntero desde atrás.
  6. En la anteúltima fecha, si Boca le ganaba en La Plata a Gimnasia quedaba a un paso de ser campeón. Empató sin goles y las victorias de Tigre y San Lorenzo dejaban a los 3 punteros, algo que se mantuvo en la última fecha al ganar los 3 y tener que jugar un triangular de desempate en cancha neutral.
  7. En dicho triangular Boca le gana 3 a 1 a San Lorenzo y los cuervos 2 a 1 a Tigre, por lo que en la última fecha del triangular el empate con Tigre ya lo declara campeón a Boca, pero ni siquiera eso…
  8. Riquelme se pierde la última fecha contra Tigre por llegar a la 5ta amarilla contra San Lorenzo.
  9. Tigre gana 1 a 0 con gol a los 22’ del segundo tiempo. A los 24’ Ischia saca a Javi García (lesionado con pubialgia y responsable que Lázzaro le cabeceara en las manos para el gol de Tigre) y debuta en primera Josué Ayala, 3er arquero del plantel de 19 años.
La tapa de Olé con el final del torneo y el desahogo por el campeonato ante tanto sufrimiento

Pese a todas esas adversidades Boca termina aguantando ese partido y sale campeón por un gol de diferencia. Si se le quiere agregar un poco mas de dramatismo a la situación basta con repasar el plantel y los nombres que tuvieron minutos en ese campeonato.
A los citados arqueros juveniles se le pueden agregar a la lista: Gabriel Paletta, Leandro Gracián, Lucas Castroman y Jonathan Philippe entre otros.  Si eso no es dar ventaja….
¿Habrá sido merito del técnico Carlos Ischia o habrán sido los históricos de ese plantel los que se cargaron el título al hombro? Porque en ese equipo aparte de Riquleme estaban: el “negro” Ibarra, Sebastián Battaglia, Martín Palermo y Rodrigo Palacio.
En fin, adversidades sobraron, el tema son las críticas y creemos tener alguna explicación que puede ser bastante valedera:
Hoy casi a fines de 2015, el hincha de Boca da cualquier cosa por poder salir campeón. No importa el torneo ni como ni de que forma. Lo que importa es la vuelta olímpica de un club tan gigante y que desde hace algunos años se le viene haciendo esquivo (encima en la vereda de enfrente le vendieron el alma al diablo).
Pero en el 2008, si retrocedíamos unos años en el tiempo nos encontrábamos con:

2003: Campeón argentino, de América y del Mundo.
2004: Campeón de la copa Sudamericana.
2005: Campeón local, campeón de la copa Sudamericana y campeón de la Recopa.
2006: Campeón local y campeón de la Recopa.
2007: Campeón de la copa Libertadores.
2008: En medio de ese semestre también se ganó la Recopa contra Arsenal.

Puede ser que algún hincha en medio de tantos festejos y vueltas olímpicas se ponga exigente y pretenda mas de lo que hay. Pero ante tantas malas, hoy ese campeonato del 2008 toma un valor importantísimo y mas si se tiene en cuenta que en ese mismo campeonato riBer salió ultimo. Doblemente festejado.
Por todo esto, por las malas, por las glorias que integraron el plantel y principalmente porque se le pudo agregar una estrella mas al hermoso escudo de Boca, Indulto a aquel campeón por las críticas sufridas y desde ya y para siempre muchas pero muchas gracias.

lunes, 12 de octubre de 2015

Postal maravillosa

Por la 9na fecha del Clausura ’95, Boca recibía al Velez de Bianchi que hacía algunos meses se había consagrado campeón del mundo al ganarle al Milan de Italia en la final de la copa Intercontinental.
Ese torneo Boca lo peleó hasta casi el final, pero no le dio para llegar al título. En la campaña del equipo de Marzolini hubo una victoria importante que fue de local frente a ese Velez el 23 de abril por 1 a 0 con este gol de penal de Sergio “Manteca” Martínez  a menos de 10 minutos para el final del partido.


La revista Goles le dedicó las primeras 2 paginas dobles a esta foto que pasa a ser una postal, donde aparte de la definición donde el Uruguayo engaña a Chilavert, se puede ver la cabecera del arco de casa Amarilla rebalsada (como siempre) y los viejos palcos sobre la calle Del Valle Iberlucea, que permanecerían con esa fachada por ese último año hasta ser demolidos para construir las actuales plateas preferenciales y los palcos vip al año siguiente.
Hermosísima foto de la ya desaparecida revista Goles desde los carteles de publicidad del arco del Riachuelo que elogiaba al gran goleador uruguayo de Boca por aquellos lejanos años ’90. 

viernes, 9 de octubre de 2015

BOCA de 1956

Un equipo con caras nuevas y una leve transformación iba sintiendo el equipo para el torneo de 1956.
Como incorporaciones rutilantes llegaron Antonio Valentín Angelillo, Osvaldo Zubeldía y Perfecto Rodríguez junto con otros refuerzos más.
También tuvieron su aparecieron en el primer equipo algunos juveniles que venían de la tercera como fue el caso de Eduardo Senés, el “yaya” Rodríguez y Ubaldo Antonio Rattín, quien se terminaría convirtiendo con el tiempo en ídolo indiscutido del club.
En cuanto al director técnico, había vuelto alguien que ya habia estado en ese cargo consiguiendo varios títulos en diferentes épocas: Mario Fortunato.
Ese equipo terminó tercero a 3 puntos del campeón realizando una muy buena campaña ganando 16 partidos, empatando 8 y perdiendo 6 de los 30 juegos disputados. Las estadísticas se completan con 56 goles a favor y 39 en contra. Entre esos partidos ganados se encuentra el clásico con riBer, jugado en la Bombonera por la 17ma fecha, donde aparte de ganar Boca 2 a 1 se produjo el histórico debut de Rattín en la primera de Boca.
Como dato institucional vale remarcar que en ese año Alberto j. Armando terminó su primer mandato presidencial y fue sucedido por Emilio Leveratto. Años después (mas precisamente en 1960) Armando volvería a la presidencia y se mantendría en su cargo por 20 años convirtiéndose en el presidente mas importante d la historia del club, de hecho la Bombonera lleva su nombre.

El equipo; Arriba: Francisco Lombardo, Rafael Arcos, Julio Elías Musimessi, Federico Edwards, Natalio Pescia y Luis Raúl Cardoso.

Abajo: Perfecto Rodríguez, Osvaldo Zubeldía, Antonio Valentín Angelillo, Fausto Rosello y Julio Marcarián.

miércoles, 7 de octubre de 2015

La 12 canta

Hoy estrenamos una nueva sección destinada a investigar el origen de las canciones que tan populares se han hecho en los escalones de la Bombonera como de aquella cancha donde haya ido la gloriosa hinchada que tenemos.
Cuando un tema, un estribillo o algún ritmo pegadizo pasa a ser popular, enseguida el imaginario del hincha (tanto de Boca como de las demás hinchadas) le adapta una letra de su equipo a ese ritmo para ser entonada donde quiera que fuese.
Así es como se generan los cantitos de cancha, donde en muchas ocasiones, esa nueva letra, pasa a opacar a la letra original y queda impuesta en el cancionero futbolero. ¿O acaso alguien sabe la letra original del vamos vamos Argentina/ vamos vamos a ganar que se canta cada vez que juega la selección?
Acá lo que vamos a hacer es analizar la canción de origen y compararla con la que canta el hincha de Boca permanentemente para saber cómo o porqué se llevó ese ritmo a la segunda bandeja de la tribuna norte.
Claro que no todas son canciones de grupos o bandas del momento. Hay marchas o jingles que al ser tan pegadizas se adaptan enseguida a una letra muy simple pero por demás emocionante para el hincha. Así es como que las marchas radical y peronista se impusieron en la hinchada de Boca.
"El Adelante radicales/ adelante sin cesar….." Se reemplazó por las palabras: "Dale Boca/ dale Bo". Simplemente eso y causante de miles de afonías desde las tribunas de la Bombonera como un grito de guerra.
El "Perón Perón / que grande sos" también se cambió por el "Y dale Bo/ y dale Bo". Tan simple como eso. Y en los momentos de consagraciones se lo reemplaza por el típico dale campeón/ dale campeón.
Hoy el primer análisis es el de la canción usada cuando el equipo sale a la cancha. El típico "Boca, mi buen amigo" tiene su historia original en 1981 cuando el operativo Sol realizó una campaña para que la gente no viaje con perros en las vacaciones.  Una propaganda bastante inocente (?) pero con un ritmo pegadizo de la canción "Boby no me extrañes" y adaptable a la cancha que la popularizó Boca y la copiaron todas las demás.
La letra original con video es esta:



Claro que llevada a la Bombonnera y con el éxtasis lógico ante la inminente salida del equipo, la versión de la hinchada de Boca es la siguiente:


                          

Así de fácil es como se transforma una canción inocente de hace casi 35 años a un grito pasional de un pueblo enfermo por los colores azul y amarillo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Biografías Xeneizes: Hoy Natalio Pescia


Natalio Agustín Pescia nació en la isla Maciel justo el 1° de enero del año 1922 y de chico llegó a Boca para jugar en las divisiones menores.
Tuvo el privilegio de haber jugado con una sola camiseta que fue la de Boca, tanto en inferiores como desde su debut en primera hasta el día de su último partido como futbolista.
Solamente uso la camiseta de la selección nacional, la cual la defendió en 12 partidos.
Aguerrido, batallador y de esos que dejan todo en la cancha y la riegan de sudor por el sacrificio que realizaban, así jugaba Pescia, que bien se ganó el apodo de “Leoncito”.


En Boca debuto en 1942 y jugó ininterrumpidamente hasta el último partido oficial de 1956 (con victoria Xeneize a Huracán por 4 a 1), cuando “colgó los botines”. Inclusive llegó a jugar algunos amistosos más en diciembre de ese 1956 y algunos de enero del ’57.
Una muestra clara de que su vida fue Boca, son las fotos que notan como se fue quedando pelado con el paso de los años pero siempre con la misma camiseta.
Fue campeón en 3 títulos locales (todavía no se jugaban copas internacionales) dejando su sello de inolvidables líneas medias que lo nombraban como el último apellido del mediocampo.
En el bicampeonato del 43/44 lo hizo junto Sosa y Lazzatti y en el del ’54 con Lombardo y Mouriño como compañeros de mediocampos batalladores, fiel a la historia y el paladar boquense.

La inolvidable linea media con "Lucho" Sosa, Ernesto Lazzatti y el "Leoncito" Pescia. 


Jugó 478 partidos por torneos oficiales de AFA, marcando 12 goles y siendo expulsado en 4 oportunidades.
Tanto reflejó el sentimiento del hincha y dejó todo en la cancha, que la tribuna media norte (donde se ubica la 12) lleva su nombre en reconocimiento a todo lo que le dio al club como futbolista.
También quiso ser presidente del club pero perdió contra Alberto J. Armando en una de las tantas elecciones ganadas por el Puma.

Falleció el 1 de noviembre de 1989 a la edad de 67 años, pero quedó en el corazón de los hinchas que lo vieron jugar  y aquellos que no lo pudimos ver, valoramos su trayectoria y lo recordamos como lo merecen los verdaderos ídolos del club.

viernes, 2 de octubre de 2015

El último de estos últimos

Hoy nos detenemos a leer algo del escritor Eduardo Sacheri, confeso hincha de Independiente (Allá él con ese problema).
Reconocido por sus cuentos sobre fútbol y la manera tan particular que tiene para ver este deporte sociocultural y la simpleza con la que relata sus escritos, Sacheri, entre el 2011 y 2013 tuvo una columna en la revista El Gráfico que ya en esa época salía de manera mensual.
En cada numero de la revista aparecía un escrito de Sacheri hablando de diferentes aspectos del fútbol y tocando las temáticas que se emparentan con la vida.
En la edición de agosto de 2012 Sacheri habla de Juan Román Riquelme, quien por esos días había dejado de jugar en Boca y de ahí todas las suspicacias del periodismo y del hincha en general para opinar sobre el caso “Riquelme”.
Sacheri en ese ejemplar se refirió también a Juan Román, pero desde su lado. El de hincha que disfrutaba  de su fútbol sin importar la camiseta, porque al fin y al cabo, todos somos hinchas del fútbol. Después las opiniones personales por sobre como actúa, declara o decide JR son otro tema. 


El último de estos últimos


Acerca de Riquelme se han escrito ríos de tinta, y se han impreso páginas como para empapelar la patria entera. En estas últimas semanas, sin ir más lejos, su decisión de irse de Boca se convirtió en un tema de debate público.
Al día siguiente de la final de la Copa, contra Corinthians, los canales de noticias exhibían, en cámara lenta, la cara que ponía el presidente de Boca Juniors cuando se cruzaba con Riquelme, después del partido. Y diversos periodistas especializados se convirtieron en consumados analistas de expresiones faciales, con el objeto de determinar si la de Angelici era cara de bronca o de desilusión, de despecho o de desprecio, de angustia o de rabia, de pena o de incredulidad. Horas y horas de programas de radio se dedicaron a analizar los entretelones de su decisión, sus causas y sus consecuencias, sus antecedentes y derivaciones.
Y yo me encuentro en una terrible disyuntiva. Tal vez los lectores hayan notado que suelo rehuirle, en mis columnas para El Gráfico, a los temas de actualidad. No lo hago por hacerme el difícil. Lo hago porque no soy periodista, y carezco de su capacidad para buscar, para desmenuzar, para procesar la información. Es más: ni siquiera tengo el cuero curtido como para aguantar los chubascos de la gente que te odia por las opiniones que vertís en una nota. Me imagino que los periodistas están acostumbrados al destrato cibernético de los “comentarios” en los sitios web, o a los mensajes en las redes sociales. Yo, en mi tierna torpeza, me quedo pensando, al leer un comentario que me defenestra… “¿Y a este… qué le hice?”.
“Zapatero a tus zapatos”, decía mi vieja cuando yo era chico y me veía deambular por la casa, demorando el momento de sentarme a hacer, de una vez por todas, los deberes. Pues bien, yo reconozco que no soy zapatero en estas labores. Soy, a duras penas, un tipo al que le gusta mucho el fútbol y le gusta escribir. Y esas dos cosas juntas confluyen acá, en estas páginas. Y algo tengo ganas de decir, sobre Riquelme, ahora que parece que no va a jugar más por estos lados. Por lo menos en lo inmediato. Lo que sigue es lo que yo pienso de Juan Román Riquelme.
Cuando en una tribuna me pongo a conversar con uno de esos hinchas viejos, que mastican su nostalgia en cualquier platea, casi siempre se me ponen a contar de una época (“SU” época) en la que todos los jugadores tenían buen pie, y se daban la pelota redonda unos a otros, y tiraban lujos cuando iban ganando y cuando iban perdiendo. Tal vez el pasado fue así. O tal vez esos viejos eligen recordar lo que les conviene, o lo que les quedó grabado en la memoria a pura fuerza de asombro y de belleza, y por eso suponen que el pasado fue mejor de lo que fue.
Lo cierto es que a mí me tocó otra época. Esta época. Una época donde abundan los atletas que parecen tener ocho pulmones pero los pies redondos. Tipos que pueden correr doce kilómetros en noventa minutos, pero incapaces de darte un pase como la gente a cinco metros de distancia. Tipos dotados con la agilidad de saltar un metro y medio desde el piso (y de paso romperse la cabeza contra un rival que sabe hacer exactamente lo mismo), pero inhábiles para anticipar el pique de un balón que viene envenenado por el efecto. Tipos que pueden hostigar a un rival como perros que le ladran a la rueda de un colectivo, pero que no saben cómo sacar un lateral sin tirarla a dividir.
Este es el mundo en el que juega Riquelme. No es un jugador exquisito en una época de exquisiteces (suponiendo, repito, que esa época haya existido, nomás). Es un exquisito cuando casi todos han renunciado a serlo. Un gourmet en una época de hamburguesas mal cocidas.
No voy a cometer el desatino de sostener que Riquelme no corre. Sí que corre (y por algo el físico le viene pasando las facturas que le viene pasando). Es posible, empero, que corra un poco menos que esos atletas de pies chúcaros. Y suceda que Riquelme sabe tanto, pero tanto, con la pelota y sin ella, que usa el tiempo y la velocidad ajena para lo que necesita. No importa el pase de morondanga que le entregue un compañero. Riquelme sabe recibir, domesticar ese balón, y poner el cuerpo. Para Riquelme poner el cuerpo no es ir al choque, como dos energúmenos, a ver cuál termina con más puntos de sutura. Poner el cuerpo es ubicar la pierna, y la cadera, y el trasero, y la espalda, entre el rival y la pelota. Y mientras el rival gira como un trompo para encontrar un resquicio, mover apenas el cuerpo, y zarandear apenas el balón, para que su posición se mantenga inexpugnable. Y mientras hace eso, con la displicencia y el automatismo de quien espanta moscas, Riquelme observa y piensa. Sabe tanto con la pelota que no necesita mirarla. Y entonces puede observar al resto. A sus compañeros y a sus rivales. A los sitios de la cancha en los que están y en los que van a estar dentro de cinco, dentro de seis, dentro de siete segundos, cuando Riquelme considere que es el momento y el lugar exactos para que la cosa siga. Y ahí viene la otra parte de la magia de Riquelme.
Mi suegro, además de tenista, era un excelente jugador de ajedrez. Lo que más me llamaba la atención –cuando me destrozaba en una partida- era que el tipo se anticipaba dos, tres, cuatro movidas para decidir sus acciones. Yo, que a duras penas podía tomar una cabal dimensión del tablero tal como estaba en el momento, me enfrentaba a alguien que sabía lo que iba a suceder y lo que no. Un bombardero B-52 (él) contra un carrito de rulemanes (yo). Pues bien, Riquelme, y los jugadores que son como Riquelme, juegan así. Sabiendo no solo lo que pasa, sino lo que está a punto de pasar.
Más de una vez le escuché decir a Alejandro Dolina –uno de los tipos más lúcidos que andan por ahí, si se me permite- que los hombres merecen ser juzgados por sus mejores obras, no por las más mediocres. Me parece un principio absolutamente digno. Nuestras vidas, las de todos, la de Riquelme, la de cualquiera, están llenas de actos diversos. Reprobables, dignos, rutinarios, lamentables, especiales, bellos, insípidos, despreciables. Si voy a recordar a alguien… ¿qué me cuesta detenerme, sobre todo, en lo mejor que hizo?
Yo no puedo meterme a describir, ni mucho menos a juzgar, qué motivos tiene Riquelme para proceder como lo hace. Ni puedo decir si hace bien, o hace mal. No soy quién para detenerme a juzgar si fue un tipo conflictivo o armonioso, amarrete o generoso, materialista o bohemio. Si a duras penas uno conoce a las personas con las que convive... ¿Qué puedo yo saber del modo de ser de alguien a quien solo vi a través de una pantalla de televisión, o a setenta metros de distancia y desde una tribuna? Mucho menos puedo anticipar lo que será de la vida de Riquelme en el futuro.
Lo único que puedo rescatar es esto: que Riquelme hizo de este juego del fútbol, que a mí me gusta tanto, algo más lindo que lo que habría sido si Riquelme no hubiera jugado. Y habiendo, en el fútbol y afuera del fútbol, tanta gente dispuesta a generar y reproducir mugre y fealdad –basta con mirar un rato de tele, por ejemplo-, yo me quedo con eso.
Creo que existen dos clases de grandes jugadores. Los que te provocan asombro porque nunca hacen lo que uno supone que van a hacer. Y los que te provocan asombro porque, aunque hagan lo que uno supone que van a hacer, no hay manera de impedírselo. Y Juan Román Riquelme es de estos últimos. Tal vez –ojalá que no-, el último de estos últimos.

Eduardo Sacheri, revista El Gráfico, edición de agosto de 2012


miércoles, 30 de septiembre de 2015

La peña está presente XXIV

8 de julio de 2015. Partido despedida de Sebastián Battaglia en la Bombonera. (El día que se mostraron "ciertas" banderas)

lunes, 28 de septiembre de 2015

BOCA de 1955

Parece que sirvió para relajarse el campeonato obtenido el año anterior, porque el equipo de 1955, pese a pelearlo en las primeras ubicaciones no tuvo la chapa para ratificar el logro conseguido un año atrás.
La base fue la misma a la que se incorporaron nombres importantes. Llegaron  Juan José Pizzutti, Ernesto Cuchiaroni y Rafael Arcos y también volvió para terminar su carrera, el “Atómico” Mario Boyé.
Como técnico, este año fue el turno para otro ídolo de la casa como Jaime Sarlanga y pese a realizar una muy buena primera rueda, en la segunda el equipo no tuvo regularidad y terminó el torneo a 8 puntos del campeón y en la tercera colocación.
Los números de esa campaña indican que sobre 30 partidos jugados se ganaron 14, se empataron 9 y se conoció la derrota en 7 oportunidades. En cuanto a los goles, se marcaron 51 y se sufrieron 36.
El partido más importante de ese campeonato fue el 17 de agosto cuando por la fecha 14 se ganó el clásico de visitante 4 a 0, haciendo riBer de local en cancha de Racing. 2 de Navarro, Pizzutti y Cuchiaroni fueron los encargados de dejar sus nombres escritos en el tanteador final.

El equipo; Arriba: Francisco Lombardo, Rafael Arcos, Julio Elías Musimessi, Juan Carlos Colman, Federico Edwards, Hector Otero y Jaime Sarlanga (DT).

Abajo: Mario Boyé, Miguel Ángel Baiocco, José Borello, Fausto Rosello y Ernesto Cucchiaroni.